La concepción de Escuela inclusiva se encuentra, desde el origen, en la Pedagogía Povedana.

 

En nuestro Centro es bien recibido cualquier alumno, tenga las características que tenga, porque reconocemos que la diversidad es una riqueza que ayuda a una mejor comprensión de la sociedad y a un crecimiento más abierto de la persona.

 

Se practica un estilo educativo inspirado en la vida familiar, en la acogida, la naturalidad y el cariño. Una convivencia basada en la alegría, la participación, la ayuda mutua, la igualdad de oportunidades entre sexo, raza, cultura, etc., con el único “privilegio” de una atención singular a aquel alumnado que lo necesita.

 

Hacer realidad esta Escuela inclusiva nos exige la puesta en práctica en el aula de estrategias que permitan que todo el alumnado tenga “su sitio”, sea atendido de manera que pueda aprender y desarrollarse personal y socialmente, y sienta que lo que sucede en la Escuela tiene que ver con él y con su deseo de crecer y ser feliz.

 

Estas estrategias se establecen a partir de unas claves que, como señalan Blanchard y Muzás (2007) son la base de unas metodologías inclusivas:

  1. El alumno es el constructor de su aprendizaje

En el proceso de enseñanza-aprendizaje, es necesario hacer posible que el propio alumno construya el aprendizaje.

  1. El profesor se sitúa como mediador

Hay una tarea que es específica del profesorado, y esa tarea es mediar, ayudar, guiar, motivar, acompañar…, para que el alumno pueda interpretar y asimilar los nuevos conocimientos y pueda elaborar su propio aprendizaje.

  1. Construcción de los nuevos aprendizajes sobre los conocimientos y experiencias previas

El aprendizaje no se construye a saltos sino paso a paso, apoyando un pie para dar el paso siguiente… Por ello el profesorado ha de apoyarse con realismo en los aprendizajes que el alumno posee, para poder engarzar las nuevas adquisiciones.

  1. Favorecer la interacción en el aula: profesor-alumnos y alumnos entre sí

Las relaciones, positivas o no, que se establecen con el profesor son, en muchas ocasiones, mucho más importantes que la dificultad mayor o menor que presente la materia propiamente dicha. Asimismo, es fácil reconocer el inmenso valor que tiene la ayuda de los iguales a la hora de determinados aprendizajes.

 

En definitiva, hacer realidad estos principios nos lleva a desarrollar determinadas prácticas, tales como la tutorización y seguimiento del profesor a cada alumno de acuerdo a su necesidad, el aprendizaje cooperativo, la ayuda entre iguales, el aprendizaje por proyectos, la utilización del portafolio, los trabajos de investigación, la utilización de las TIC de forma activa y creativa, los planes de trabajo, la auto evaluación, la flexibilización de agrupamientos, espacios y tiempos, etc., todas ellas favorecedoras de unas aulas inclusivas.