La innovación como planteamiento ante la vida que fluye, y que va permanentemente aportando elementos de cambio y reclamando nuevas respuestas ante nuevas demandas, constituye uno de los motores que dan vida a nuestra escuela.

 

Para nosotros la innovación no es algo importante sino que es una de nuestras constantes y de nuestras señas de identidad.

 

Una innovación entendida como un proceso sistemático de diálogo y reflexión en equipo, de construcción colectiva, en donde identificamos necesidades, elaboramos proyectos y realizamos su seguimiento y evaluación.

 

Una innovación construida por un profesorado reflexivo, que cree en las posibilidades de la educación para provocar cambios y transformar la realidad social, que investiga a partir de su propia práctica, que provoca procesos de análisis-formación-innovación-mejora, y comparte su experiencia educativa.

 

Esta comprensión de la innovación forma parte de un planteamiento institucional y continuado que afecta tanto a la organización del Centro como a las metodologías del aula, en definitiva a las relaciones de toda la Comunidad Educativa.

 

Con Hopkins y Ainscow (1993) y Ainscow (1995) partimos de que nuestras escuelas son organizaciones con capacidad de innovación y los profesores son profesionales reflexivos que generan innovación.

 

Con Gadner (1983) entendemos que nuestros alumnos poseen capacidades múltiples que es necesario impulsar y desarrollar. Por ello nuestras metodologías se apoyan en diferentes lenguajes, intereses, espacios, agrupamientos que movilizan lo mejor de cada uno.

 

Es por tanto, un modo de hacer innovación con el que se aprende al mismo tiempo, y que desarrollamos a partir de auténticas comunidades profesionales que aprenden (Rivas 2000). Por ello desarrollamos la tarea educativa como un lugar de formación e innovación para alumnos y profesores.

 

En este proceso de innovación consideramos el trabajo en equipo del profesorado no tanto como una estrategia sino como una condición, como el elemento previo sobre el que vamos a poder ir construyendo (Blanchard y Muzás 2007).

 

Desarrollamos una innovación en el aula a través de la implementación de metodologías que exigen del profesorado una formación continua, un trabajo coordinado y el desarrollo de procesos de Investigación–Acción que garantizan la inclusión de todo el alumnado y el desarrollo de valores democráticos, de solidaridad y participación.